Bruselas pone coto al tráfico de antigüedades que alimenta la financiación del terrorismo yihadista

La destrucción de los Budas de Bamiyán a manos de los talibanes afganos o la voladura del templo Baal Shamin que perpetró el Estado Islámico (EI) en Palmira son imágenes que quedaron grabadas en las retinas del planeta. Aunque el ataque contra el patrimonio universal tiene una alta carga simbólica, para las organizaciones terroristas también ha sido y sigue siendo una fuente de financiación. Detrás del expolio de los bienes y antigüedades de países como Siria, Irak o Afganistán hay un enorme mercado negro que extiende sus tentáculos hasta el corazón de la Unión Europea.

«El tráfico de obras de arte es un arma perfecta para los terroristas que atentan contra nuestros ciudadanos en Bruselas, Berlín, Londres, París o Estocolmo» , advirtió ayer el comisario de Economía, Pierre Moscovici, tras presentar una propuesta para reforzar los controles en la importación de este tipo de bienes armonizando reglas entre los socios.
La compra de patrimonio artístico y cultural procedente de Siria e Irak está prohibido en la actualidad, pero los traficantes aprovechan la permeabilidad de las fronteras europeas para saltarse las prohibiciones e introducir los bienes a través de terceros países, como los balcánicos. Para seguir el rastro y controlar el origen y destino de las antigüedades, la Comisión ha propuesto fijar una definición común de «bien cultural» que abarque objetos de más de 250 años. Todos ellos deberán contar con un «documento de identidad» al entrar en un país de la UE. La licencia será expedida por las autoridades nacionales que, a través de un sistema de certificación «más riguroso», exigirá documentos que rubriquen su importación legal. Las autoridades aduaneras podrán incautar y retener los bienes cuando no se pueda demostrar que los objetos han sido exportados de manera reglada. También se exigirá a los 28 que garanticen multas «efectivas, disuasorias y proporcionales» para que no salga a cuenta incurrir en este tipo de delitos.

¿Qué persigue Bruselas con esta caza a los traficantes de arte? Cortar una de las principales fuentes de financiación de los terroristas. Según estimaciones de Interpol, el mercado negro de antigüedades podría ser tan lucrativo como el de las drogas o las armas. Algunas estimaciones calculan que entre el 80 y el 90% de las ventas de bienes culturales tienen origen ilícito. Otros estudios a los que se refiere la Comisión estiman que este mercado mueve entre 2.500 y 5.000 millones de euros al año. «El dinero es oxígeno para organizaciones terroristas como el EI. Estamos actuando para secar todas y cada una de sus fuentes de financiación», explicó el vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans.

Fuente: lavozdegalicia.es/

14/07/2017